Begoña Etxebarria, más de diez años compartiendo compromiso y experiencia con la Fundación Antonio Aranzabal

Después de más de diez años formando parte del Patronato de la Fundación Antonio Aranzabal, Begoña Etxebarria Madariaga cierra esta etapa junto a nosotros. Desde la Fundación queremos agradecerle sinceramente el tiempo dedicado, su implicación y, especialmente, todo lo que ha aportado durante estos años, tanto a la propia entidad como a cada una de las personas que formamos parte de ella.

Su trayectoria profesional habla por sí sola, pero hay una idea que ayuda a entender buena parte de su manera de trabajar: las personas deben estar en el centro de las organizaciones, porque son quienes hacen posibles los proyectos. Una convicción que ha guiado su carrera y que también ha estado muy presente en su contribución a nuestra Fundación.

Una mirada humanista que hoy nos puede parecer más común en el discurso empresarial o de las entidades, pero que no siempre ha tenido el protagonismo que merece en el mundo de las organizaciones. Begoña ha hecho de ella una constante, tanto en su vida personal como profesional. Y de una forma muy discreta.

Begoña Etxebarria junto a otros miembros de la Fundación Antonio Aranzabal en el acto del 25 aniversario de la Cátedra de Empresa Familiar (abril 2024)

Compromiso con el futuro de los jóvenes

Begoña ha dedicado casi cuatro décadas a impulsar oportunidades para los jóvenes, especialmente en su transición al primer empleo, convencida de que la colaboración con las empresas es imprescindible para avanzar en ese objetivo. En 1987, junto a Txomin Bereciartua, participó en la creación de la Fundación Novia Salcedo, una organización que dirigió durante 38 años, hasta enero de 2025.

Al frente de esta entidad impulsó una forma de trabajar basada en la innovación, el conocimiento compartido y el desarrollo de las personas. Una trayectoria que ha contribuido a situar el empleo juvenil y la responsabilidad de las organizaciones en el centro del debate social.

En las conversaciones que hemos mantenido en el seno de nuestra Fundación, Begoña suele recordar aquellos años como una etapa de aprendizaje constante, pasión por lo que se hace y capacidad para superar las dificultades. No idealiza el camino: sabe que los proyectos importantes requieren esfuerzo, equipos comprometidos y mucha perseverancia. Una experiencia que ella misma define como “una auténtica escuela de vida, tanto personal como profesional”.

Su vinculación con la Fundación Antonio Aranzabal también tiene mucho que ver con esa forma de entender el compromiso. Cuando conoció a Antonio Aranzabal Loiti, nuestro fundador, ambos compartían una misma preocupación: contribuir al desarrollo de su entorno y trabajar por una sociedad con más oportunidades.

Coincidían, además, en la importancia de proteger y apoyar a las empresas, especialmente a las pequeñas y familiares (con particularidades propias que había que atender), y de ofrecer a los jóvenes oportunidades para construir su futuro. Esa afinidad de principios y objetivos fue el punto de partida de su colaboración con a la Fundación y de una relación, ya como miembro desde 2015, que se ha prolongado durante más de una década.

Su actividad tampoco se ha limitado al ámbito de Novia Salcedo. Desde 2019 ejerce como cónsul honoraria de Noruega en Bilbao, colaborando con la Embajada de Noruega en España para fortalecer las relaciones comerciales e institucionales entre Noruega y el País Vasco.

También ha participado activamente en diferentes espacios vinculados a la innovación, la transparencia y la responsabilidad empresarial, como Innobasque-Agencia Vasca de Innovación, Transparencia Internacional España y la Red Española del Pacto Mundial de Naciones Unidas. A ello se suma su vinculación con la Fundación Alejandro Echevarría y su colaboración con la Fundación Arizmendiarrieta, desde ese espíritu humanista.

Su papel en la Fundación

A lo largo de estos años, Begoña ha compartido con las personas que formamos el Patronato su experiencia en ámbitos muy diversos, acercándonos otras realidades y ayudándonos a ampliar nuestra perspectiva sobre los retos que afrontan las organizaciones y la sociedad, así como sobre el papel que podemos desempeñar desde nuestra propia Fundación.

Pero, más allá de los cargos y las responsabilidades, hay algo que define especialmente su trayectoria y que hemos podido apreciar de cerca: su capacidad para implicarse en los proyectos, establecer relaciones, generar complicidades y trabajar con otras personas para llevar las ideas a la práctica. Su criterio y su experiencia han sido importantes, pero también su manera de relacionarse, su cercanía y su calidad humana.

Durante esta década en el Patronato hemos compartido reflexiones, experiencias y proyectos. Su conocimiento ha enriquecido nuestro trabajo y su forma de entender el compromiso y la colaboración ha dejado una huella en quienes hemos tenido la oportunidad de trabajar con ella.

Placa de reconocimiento de la Fundación Antonio Aranzabal a Begoña Etxebarria por su implicación y labor desde 2015

Agradecimiento

Por todo ello, queremos darle las gracias.

Gracias, Begoña, por estos diez años, por tu generosidad, por compartir tu experiencia y tu conocimiento, y por haber formado parte de este camino. Aunque ahora cierres tu etapa en el Patronato, esperamos seguir contando con tu cercanía y manteniendo los vínculos que hemos construido durante estos años.

Te deseamos lo mejor en todo lo que está por venir.

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